Behobia San Sebastian 2013

Hace ahora una semana pasaba bajo el arco de meta del boulevard donostiarra, con una gran sonrisa en la cara, tras recorrer los 20k que le separan de Behobia. Algo que parecia complicado a priori. En lo que si me apuras ni siquiera yo mismo confiaba. Pero lo había conseguido.

Tenía intención de dedicarselo al traumatólogo que me dijo, tras pasar por otros 4 compañeros suyos antes – uno de los cuales me hizo una artroscopia de rodilla y tobillo para “ver si podía arreglarme algo” – haciéndome una revisión, tras más de 60 sesiones de rehabilitación tras la operación, que si podía andar que me podía dar por satisfecho, que lo de hacer deporte está sobrevalorado. Pero creo que no merece la pena dedicarle nada. Bastante tiene con lo que tiene, supongo yo. Porque además, el haber corrido estos 20k no es sino la mitad del objetivo, que sigue siendo hacer un maratón antes de Octubre del 2014, haciendo coincidir mis 42 años con los 42 kilómetros.

La jornada Donostiarra fue mejor de lo esperado. Algo que tampoco era difícil, porque la previsión era casi de correr en el infierno. María y yo llegamos a Donosti el sábado a medio día, y nos fuimos directos al Velódromo de Anoeta, a por mi chip y dorsal. Primer encuentro con la verdadera dimensión de esta carrera. 28.000 corredores este año. 50.000 por lo que he oido el año que viene, por ser el 50 aniversario. Filas, esperas y un sistema de recogida de dorsales un tanto caótico – y poco seguro, ya que pude recoger el dorsal de mi cuñado sin problemas, sin DNI o autorización ninguna, tan sólo diciendo el número – que luego descubrí que sería la norma en cuanto a organización en algunos momentos de la carrera.

Ya con el dorsal en la mano, reencuentro con un viejo amigo Donostiarra, Martín, que también corría la prueba este año, aunque iba algo bajo de moral por estar medio tocado del cuádriceps (bajón no justificado, como luego se demostró, ya que entró en 1:30:20, sólo 20segundos peor de lo que él pretendía…). Y de ahí, directos a casa de nuestros anfitriones, Paco y Lola, padres de otro gran amigo Mañostiarra (Donostiarra viviendo en Zaragoza), Pablo, que ya era la hora de comer y no queríamos molestar (demasiado). Antes de eso, reencuentro con la cruda realidad de lo difícil que es aparcar el tanque en la calle en Donosti, y más en lo viejo, donde todo es zona de Residentes, así que el tanque acabó en el Parking del Kursaal (50€ menos para txakolí y txuleta…) como mejor solución.

La tarde se pasó entre tiendas, lluvia, mucha lluvia, reencuentros, algún pintxo, y bastante de #cacotas, ya que me veía haciendo los 20k con vientos hipohuracanados y lluvia torrencial, un escenario bastante alejado del deseado, aunque ciertamente esperable en Donosti en esta época del año.

La noche no fue mejor, y oíamos el mar embestir las rocas de la ría a sólo unos metros de nuestra ventana, mezclandose con el ya mencionado viento hipohuracanado y la lluvia torrencial. En mi cabeza sólo veía muerte y destrucción, quedándome tirado en cualquier cuneta de Gaintxurizketa, con el gemelo agarrotado y tiritando de frío. Una visión angelical y muy motivadora, vamos… :S

Pero las previsiones se equivocaron. Martín vino a buscarnos con su padre en coche a Tito – mi liebre en los últimos 10k, que también se apuntaba a la fiesta, aunque esta vez iba a ir sólo, porque quería hacer marca – y a Edu, mi cuñado, a quien vilmente engañé a apuntarse y que tiene parte del mérito de este crónica. Entrar en Behobia y alucinar fue todo uno. Cienes y cienes de corredores, escondidos bajo pontxos de mierda plástico para protejerse del fresco y la ligera lluvia. Cajones de salida organizados por tiempos – perfectamente explicado en la trasera de cada dorsal, buen punto éste !! – que se movían como pasos de semana santa hacia la salida, musicón, y un speaker que se merece él sólo un monumento. Menudo fenómeno de tio !! Despedimos a Tito y a Martín, que salieron a las 10:42, saludo fugaz a Loren y a su mujer, y búsqueda infructuosa a Yuso, a quien no vi entre la multitud, a pesar de ir vestido de… bailarina de ballet !! O_O. Van pasando los minutos y llegamos a las 11:00. Calentamientos torpes, vaselina en salvas sean las partes, fuera poncho de mierda plástico y al cajón de salida, con hora prevista a las 11:18. Avanzamos ya con el grupo hacia el arco. Televisión, musicón, emoción, olores variados a cremas y potingues, escapadas de última hora a Salida Behobia San Sebastianvaciar vejigas y ya estamos en puertas. Vamos que nos vamos, señoraaaa !! Suena el Highway to Hell,  nos ponemos a botar con los puños al aire, el cabrón del speaker (qué fenómeno el tio !!) nos suelta un “I wish you Hell” y meeeeccc; bocina de salida. Empieza la aventura!! Edu y yo. Sólos entre los 28.000. Objetivo, el que me han grabado a fuego WOD tras WOD en Burpee Crew: acabar la sesión, con buena técnica de principio a fin, y en el menor tiempo posible. En ese orden. A esto tanto Edu como yo le añadimos un “disfrutando del camino” como objetivo inexcusable. Y a ello nos ponemos.

Salida compacta desde Behobia dirección Irún. Uno de los pocos ratos llanos del recorrido. El asfalto es rugoso, de piedra gorda, que ahí la lluvia es compañera habitual. Me alegro de haberme puesto los FiveFingers en lugar de ir descalzo. No me apetecía añadir una preocupación adicional a la jornada. Rodamos con el grupo que se mueve cómodo entre 6’15 y 6’30, un ritmo suave que ya nos viene bien. Todo son risas, autofotos y autovideos a nuestro alrededor. Al poco rato caen las primeras gotas. Aún no habíamos tomado ni el desvío a Irún. Pero daba igual. Desvío a Irún y primeras rampas. Edu y yo nos mantenemos firmes. La idea es ir superando la carrera obstáculo a obstáculo, sin pensar en el total. Primera cuesta, superada. Llaneamos… y a por la segunda !! Superada también, incluyendo ya el primer avituallamiento, donde practicamos el slalom con el resto de corredores y el snorkel para intentar beber sin ahogarnos. El truco de la pinza ayuda, sin duda. Seguimos corriendo. Mucha gente en las calles. Pero mucha. Y se agradece, ya te digo que se agradece !! Aunque alguno, saliendo de Irún nos mintiera con un “ya no queda nada” que nos sacó una sonrisa a todos. Salimos de Irún y sabemos que en algún momento nos tocará enfrentarnos al primer gran reto. Subir Gaiztxurizketa. Tras un ratillo de bajada y llano, ahí lo vemos. Misma filosofía que antes. Poco a poco. Paso a paso. Apretar los dientes, bajar la mirada y atacarlo. Sabemos que podemos con él. Toca demostrárselo. Mola mil pasar el túnel de antes del puerto, donde se han refugiado de la lluvia un grupo de espectadores y sus ánimos son atronadores. Mola otros mil el baserri que ha sacado los altavoces a la ventana y nos obsequia con música a mitad de subida. Mola otros mil más la gente en las cunetas animando, y el coche con música y speaker mintiéndonos diciéndonos que ya teníamos ganada la batalla. Y que al final tiene razón. Llegamos a la parte alta. Prueba superada. Chocamos manos y seguimos. Inventario de daños: todo en orden. La rodilla “buena” pincha un poco pero nada preocupante. Seguimos !!

Rotonda, y primeras bajadas. Nos toca jugar con el relieve, entramos en los toboganes de Lezo. Pero antes toca disfrutar de la música heavy del pirata, fiel a su cita en la cuneta con su bandera y su furgo. Grande, si señor !! Casi sin darnos cuenta, aunque ya rodando el grupo en silencio, subiendo y bajando, pasamos el kilómetro 10 en 1h03m, celebrado con los pitidos de los chips al pasar la alfombra. Media prueba superada y frescos, oye !! El dia parece que aguanta. Hace una temperatura agradable – yo corrí en manga corta + manguitos – y de vez en cuando nos visita la lluvia y el viento racheado. Esto es Donosti, amigos !! A falta de un par de toboganes, nos alcanza la bandera de las 2 horas… del grupo que salía detrás nuestro !! Le pregunto que si entramos con él nos convalidan el tiempo a 2 hrs pero me dice que no. Cawën 😉 Aún con todo, nos unimos a su ritmo y a la conversación. Rato agradable.

Casi sin darnos cuenta, y ya estamos entrando al Puerto de Pasaia. La parte más dura según me habían dicho unos cuantos. Por aburrida y solitaria. Por ser una “recta sin fin“. Porque ya llevas 14k en las piernas y no apetece. Pero no se nos hizo tan larga como temía. Risas con varios grupos que nos adelantaban/adelantábamos, furgoneta con música y speaker a mitad de puerto, público animando, e incluso el padre de Martín casi al final del puerto (perdón por no parar !!) ofreciéndonos bebida. Y de repente, la verja del final del puerto aparece ante nosotros. “Empiezo a creer que igual termino” le digo a Edu. Y lo digo de corazón.

Salimos del puerto, y nos reciben un par de grupos de música en vivo para afrontar Trintxerpe y darnos fuerzas para subir el Alto de Miracruz, el último obstacúlo serio del día. Repetimos estrategia de nuevo. Zancada corta. Relajamos hombros. Movemos brazos. Agachamos la mirada y p’alante. Sin dejar de correr en ningún momento, nos ponemos a la altura de la gasolinera. Esta cuesta no nos va a vencer. Un empujón más y llegamos arriba, entre el sonido de los cláxones de coches y autobuses y los gritos de la gente que se agolpa en las aceras. Emocionante, la verdad.

Seguimos apretando, ahora toca controlar, que es cuesta abajo y no nos podemos emocionar, que aún quedan 3k y una última subidilla en Avda. Navarra, que esta me la se. Así que poco a poco, pero con la confianza intacta, vamos sumando metros al día. El gemelo izquierdo me da un aviso. Algo así como “o acabas pronto con esto o lo acabo yo“. Lo ignoro y seguimos, que queda poco. Pasamos Arzak, el colegio, el reloj de Ategorrieta, el desvío a Ulía y cada vez más público en las calles. Qué gozada, oyes, que gozada. Te hace sentir hasta importante. Tanto que el último repechillo lo superamos sonriendo. Y de repente, ya estamos en el muro de Sagües, en la curva de Gros, donde el mar nos recibe con una hostia de viento y agua en toda la cara, haciéndose notar. Pero ya no nos importa. Hasta lo recibimos con gusto. En meta de la Behobia San SebastianNos miramos Edu y yo, y casi sin palabras hacemos inventario de daños, vemos que vamos bien y decidimos apretar un poco. Sabíamos que no bajábamos de las 2h ya, eso me lo chivaba el Garmin, pero daba igual el tiempo, sólo queríamos exprimirnos un poco más y gozar. Así que aceleramos. La lluvia arrecia. El viento nos entra de lado. Del lado del mar, con olor y sabor a sal, empujándonos en la dirección equivocada. Pero nosotros somos más fuertes. Llegamos al Kursaal, pasamos el puente y entramos en el Boulevard. Ya se ve la meta. Un último apretón y ya estamos. En la recta de meta veo a Lola, no veo a mi chica aunque se que está, veo a Tito – que ya le había dado tiempo a ir a casa, ducharse y volver – y nada más cruzar la línea de meta (2h 04m) veo a mi hermana y a mis sobrinos. Abrazo con Edu y foto al canto. Mis sobrinos no saben muy bien qué pasa pero sonríen (orgullosos, quiero pensar). Lo hemos conseguido !! Hemos sido capaces !! 20k en condiciones poco favorables y con físicos poco preparados. Tal cual paro la rodilla se revela y duele a morir. Pero ahora ya da igual. Ya me ha traido hasta meta.

A partir de ese momento, vuelve la decepción y el descontrol. La zona de meta es un caos, nadie te indica por dónde has de ir y la gente se arremolina donde considera. Vemos un follón y nos acercamos. Nos dicen que es para recoger la medalla. Según nos acercamos lanzan varios paquetes de lanyards. De las medallas, ni rastro. Dicen que se han agotado. WTF?? Lo mismo nos dicen con la bolsa de comida, que ya no quedan, y nos dan un botellín de agua y uno de isotónico. Una pena, la verdad. Nadie de la organización da la cara. Entregamos el chip y salimos de allí. La zona de “encuentro con familiares” otro despropósito, mal señalizada y poco clara, así que me voy directo a casa a ducharme, que paso de que esto me amargue la fiesta, pero si se definen como “carrera popular” quizás deberían plantearse que han de cuidar precisamente al “corredor popular“, y eso incluye hasta el último que entra en meta…

Txuleta en basolluaUna vez duchado y localizada la pandilla, nos vamos todos a Basollua, donde Loren nos homenajeó con un txuletón como el Dios (runner) manda. Martín pretendía convencernos de que eso no era lo mejor después del esfuerzo. Puede que tenga razón, pero ninguno le hicimos caso. Carne roja y el mejor isotónico, el kalimotxo, junto con la buena compañia, hicieron maravillas y fueron el cierre de oro para una MUY buena jornada.

Ahora toca poner fecha al objetivo gordo del año: un maratón. Aunque a esto me temo que a Edu ya no le engaño. Igual algún lector habitual se apunta, según me ha dicho varias veces. Toca decidir dónde y cuándo, (Julio? Septiembre?) sabiendo que ha de ser antes de Octubre’14, y en base a eso buscar carreras intermedias. Porque este año, me estreno en la distancia completa…

Salud!

L.

PS.- La rodilla me ha seguido molestando hasta ayer prácticamente. Está claro que es sobrecarga o similar, producto de mala biomecánica. Casualidad que sea en la pierna “buena“, que seguro que está supercompensando la rigidez y falta de flexibilidad de la operada. Ojalá hubiera algún sitio donde aprender técnica de carrera. Intentaré grabarme para ver cómo piso/apoyo a ver si de eso saco algo en claro…