Las cosas, poco a poco, empezando por el principio y con la verdad por delante. Llevo varios días sin publicar en el blog. Y no, no es que siguiera saliendo a hacer deporte pero me diera pereza publicar. Es que no he hecho nada desde los 30 minutos de trote del martes pasado.

El miércoles tuvimos un compromiso y llegábamos a casa casi a las 10 de la noche, el jueves dormí fuera de casa, de viernes a martes me fui con la Harley a Venecia, y ayer… bueno, para ayer no tengo excusa. ¿Mucho calor vale? En cualquier caso, para intentar obligarme un poco, ya hemos comprado billetes de avión para Oporto el próximo 6 de Noviembre. Ahora nos falta pillar hotel y dorsal, pero eso creo que lo gestiona María a través de sus naranjitas.

La carrera no es un objetivo en si mismo – si me quiero volver a poner en forma es para estar fuerte cuando arranque la temporada de nieve, y poder meterme a hacer cosas algo más “serias” este año, sin tener que andar sufriendo por si las patas no me van a aguantar – pero es un buen punto de control. Si en Noviembre no soy capaz de correr 15k por debajo de 1:30h, mal vamos. No sólo de piernas, sino también de patata, y sobre todo de voluntad. Así que toca ponerse las pilas.

El peso, a pesar de los viajes, creo que lo voy teniendo algo más controlado, y ya voy interiorizando que, si entra apetito a mitad de mañana, la manzana es mi mejor amiga. Mucho mejor que un torrezno, por mucho que me pese.

A ver si esta tarde reúno fuerzas, y me reencuentro con las calles. Y a ver si baja un poco este calor y el asfalto deja de ser lava del infierno, porque me apetece empezar a salir otra vez descalzo. Esto de ponerme zapatillas… no se yo.

Lo iremos viendo, en cualquier caso.

Salud!

L.