El camino “de gordo a esquiador” que me había marcado en verano sigue su curso, y el pasado Domingo tocaba hacer un primer test. Una primera comprobación de la efectividad de haber puesto el objetivo en manos de un educador físico – de los de verdad, los titulados -, y que este su hubiera hecho cargo del “cómo”. Han sido dos meses de entrenamientos y dieta. De trabajar con la vista clavada en hacerme mejorar de forma sutil, sin grandes cargas ni grandes esfuerzos, sino con cabeza y conocimientos. Dos meses en los que he cuidado lo que me echaba a la boca, y en los que he metido 4 o 5 sesiones de actividad a la semana, combinando entrenamientos personales con mi preparador físico, con salidas por mi cuenta con el TRX, la bici o trotando. Sesiones que han tendido más hacia el trabajo de calidad que de cantidad. Quiero decir, que no ha habido ningún día de salir 1h a trotar lento, o salidas de 3 horas con la MTB para eso que algunos llaman “hacer base”.

A pesar de eso, sin haber llegado ni a correr 10k seguidos desde hace más de un año, el Domingo pasado me plantaba en Portugal junto a mi mujer y a otras 48 “naranjitas”, las componentes del 10k Club Zaragoza, con los que entrena mi chica, y con los que ella preparó el año pasado la Behobia-San Sebastián, y este año la carrera de Oporto. De la carrera, no tenía ni idea. Por una vez en la vida, para lo friki que soy yo, ni me había metido prácticamente en la web, ni había leído crónicas de años anteriores. Iba completamente a ciegas. Supongo que es lo que pasa cuando viajas con un club. Los entrenadores les habían contado que era una carrera fácil, llana y bonita, que se corría al lado del Duero. Los entrenadores son unos mentirosos, aunque eso lo descubrí tarde.

María este año no ha estado fina de salud, así que no ha podido entrenar lo que quería, y en el último momento se rajó de la 15k y se hizo un downgrade a 6k, así que me dejaba sólo en medio de la marea naranja. Para intentar integrarme, me puse la camiseta del año que yo corrí mi Behobia-San Sebastián (2013) – que era naranja – y me subí al autobús con todas ellas. Yo seguía irresponsablemente tranquilo. Ellas se movían entre la emoción de quien se estrena en la distancia, y la tranquilidad de quien ha hecho los deberes.

La salida de la carrera era a la vez que la del Maratón, así que nos juntamos unos cuantos en la recta de salida. Música a todo volúmen, móviles grabando, risas, gritos y para allá que nos vamos. La carrera no tiene globos y yo no se a qué ritmo van a correr las chicas, pero salgo con ellas. Empezamos a correr… y empiezan las cuestas. ¿y esto? pues así todo el rato. De cuesta en cuesta y corro porque me toca. Las chicas, en cuanto se despeja un poco el panorama, van pillando ritmo. k1 6’28”, k2 6’06’’, k3 5’56’’, k4 5’40… pero ¿dónde me he metido? Y encima, de cháchara, dando gritos de ánimo y entre risas. En el primer avituallamiento se hace un pequeño corte y me quedo sólo delante con una de ellas (Patricia, si no recuerdo mal). k6 5’52’’, k7 5’56’’, k8 5’53… ”

  • ¿Váis bien de ritmo, no?” Le pregunto (un poco con la lengua fuera en un momento en el que la carretera baja un poco).
  • Conservando, que no sabemos lo que viene luego” me responde. Y tan tranquila.
  • Oye, por mi no te quedes, eh! Si quieres ir más fuerte vete, que aún tienes carrera para hacer tiempo”.

Y se fue. Empezó a acelerar poco a poco – en subida que estábamos otra vez – hasta que desapareció de mi vista. Tal cual. Los siguientes kilómetros los hice sólo. Pagando el haber ido a ese ritmo. Los kilómetros 10, 11 y 12 por encima de 6 el kilómetro. Ahí me pillaron el resto de chicas con las que había empezado la carrera… y me pasaron. La liebre (gorda) y la tortuga. Revival. Quién me mandaría creerme liebre. Por suerte me enganché a otra de ellas y nos hicimos mano a mano los últimos 3 kilómetros. De charleta y recuperando sensaciones poco a poco, para acabar recuperando ritmo, a pesar de las dos últimas cuestas, que creo que las puso ahí el enemigo. Al final 01:32h. A 6’09’’ de media. Un poco peor de lo que yo esperaba – me hubiera gustado estar en la horquilla 1:15/1:30 – pero contento de haber acabado, y encima hacerlo sin molestias ni dolores.

Está claro que los entrenos y la dieta dan sus resultados. Cerrar la boca y mover el culo. Ambas con cabeza. Ambas con ayuda. Fortalecer músculos desentrenados, recuperar movilidad articular, perder 7 kilos… todo ayuda, sin duda. Las cervezas no tomadas y las hamburguesas no comidas se olvidan. Ver como recuperas la forma es más gratificante que todo eso. Además, la nieve ha empezado a caer ya en el Pirineo, y ese es un extra de motivación muy importante. La temporada de esquí ya está a la vuelta de la esquina.

Lo único malo… es que las naranjitas están empezando a hablar de la Media Maratón de Berlín. Que es en Abril. Y María sonríe. Ay, ay, ay… :S

¿Será compatible la temporada de nieve con entrenar una Media Maratón?

Me da que va a tocar apretar los dientes.

Keep Pushing. Keep Going.

Go!

L.