En mi vida (deportiva) tengo muchas cosas que cambiar o por lo menos que mejorar, y una de las principales es mi (NO) elasticidad. Lo he dicho muchas veces: soy de madera. Tengo menos elasticidad que una piedra y eso me acaba afectando y limitando en muchos aspectos.

Es algo que me lleva preocupando mucho tiempo, pero cada vez que intento hacer algo para mejorarlo, fallo. He intentado hacer estiramientos por mi cuenta, usar una app, apuntarme a Pilates, probé hace tiempo a hacer tai-chi… y nada me engancha, nada me funciona. Porque soy tan poco elástico que no puedo hacer la mitad de las posiciones, porque me da medio/vergüenza ver que no llego y que a mi lado una mujer de casi 60 años se dobla como un junco, porque no veo mejoras, porque no tengo paciencia, porque no tengo constancia… son tantas las razones por las que lo abandono que ni merece la pena enumerarlas.

Pero es algo que me preocupa. Algún médico deportivo me ha dado algún aviso (“o empiezas a estirar YA o te romperás“), mi propio cuerpo me ha dado algún toque (lumbares cargadas, hombros con movilidad limitada, aquiles doloridos, músculos acortados…) y últimamente me reconozco fascinado por los videos de Ido Portal y similares que caen en mis manos. Algo tenía que hacer. Eso del “eres tan joven como tu columna vertebral” me estaba haciendo pensar demasiado (y me agobiaba un poco).

El yoga parecía ser una opción buena para lo que yo necesitaba. Todo el mundo me lo recomendaba. Al principio dudé bastante si probarlo o no. Eso del yoga me sonaba a que no era lo mio. Posturitas y gente haciendo ooooommmh era lo que venía a mi mente. Pero un día descubrí a una profe que ofrecía sesiones individuales (además viene a casa, que es MUY cómodo), que se ajustan a mis capacidades y que al ser solo para mi me aseguraba que me iba a vigilar (y corregir) constantemente la postura y el movimiento para que lo hiciera bien. Además, las plantea como “yoga para deportistas“, y eso ya lo hace más atractivo para mi mente contaminada. Ver que Ana (mi profe) había dado alguna sesión de Yoga a Chemita Martinez (que por lo visto también es de madera!) también me ayudó a dar el paso. Y saber que hacía sesiones específicas de yoga para runners, yoga para ciclistas e incluso yoga para esquiadores me acabó de decidir. Así que al final di el paso, y desde hace 5 semanas estoy haciendo una sesión de yoga semanal. 🙂

Y he de confesar que me está gustando. Porque para alegría de mi obtusa mente, por ahora tiene poco de yoga (o yo no lo detecto) y mucho de estiramientos y movilidad, que es lo que yo realmente necesito. Y respiración, que ni era consciente de la importancia que tiene en todo esto. En la parte más “espiritual” por el momento no hemos entrado (aunque de vez en cuando me pone música de fondo y hace sonar un cuenco tibetano), aunque supongo que según vaya “desbloqueando” mi cuerpo y mi mente algo iremos metiendo, aunque no me veo cantando mantras mientras estiro, la verdad. Y lo mejor de todo es que no es solo estiramiento lo que hacemos, porque también hay una parte más física (por lo visto lo que hacemos se llama Hatha Yoga) y se trabaja también la propiocepción y el equilibrio, que luego me vienen muy bien esquiando.

Asi que, aquí estoy, a mis 46 años, metiendo una nueva actividad semanal para intentar meterle más años a la vida. Ahora mismo mis semanas incluyen esta sesión de yoga los lunes, martes y jueves crossfit y sábados y domingos esquí. Ni tan mal para un señor mayor pasado de peso… 😉

¿Conseguiré engancharme a esto del yoga? Solo el tiempo lo dirá, pero lo que es cierto es que algo más de movilidad ya me noto, y esa es la mejor inversión que puedo estar haciendo, eso sí que lo tengo claro. Invertir en mí, en movilidad, es invertir en salud.

De momento, seguiré poniendo de mi parte. A ver hasta donde llego.

Namasté!

L.

PS.- La de la foto es mi profe. El de al lado Chema Martínez. A mi esa postura no me sale. O roto los hombros, o me agarro las manos o subo la pelvis, pero todo a la vez… no. Y cuando lo hago, me olvido de respirar. Un desastre, vamos…